Fundación Nicomedes Guzmán

Conventillo

El regreso de los conventillos, visto por Edmundo Moure. Las tomas de terrenos de fines de los años 1960 y principios de los 1970, terminaron con ese flagelo. Pero los conventillos y las poblaciones callampas (que ahora llaman púdicamente ‘campamentos’) regresaron como el corolario del neoliberalismo y la globalización.

Un texto de Edmundo Moure – Marzo 8, 2017

Es un viejo tópico, ya lo sabéis. Desde que los dueños del capital y del poder económico disponen, a su amaño, del trabajo enajenado de quienes lo ejecutan, de sus cuerpos y de sus almas, como corresponde a la cosmogonía aplicada a través de la ejecutoria administrativa del poder, aliado a la religión que le ha servido y aún le sirve de coartada escatológica, el lucro de la miseria ajena resulta un jugoso y permanente emprendimiento.

Tendemos a pensar, de manera equivocada, que sucesivas legislaciones del trabajo y del ordenamiento jurídico civil impiden o controlan los abusos que pudieran cometerse con prácticas que nos parecen propias de los siglos XIX y principios del XX. Al respecto, connotados escritores denunciaron tales tropelías del capitalismo, en Europa y los Estados Unidos de Norteamérica; también en Chile, si nos remontamos a dos novelas esenciales, calificadas como piezas naturalistas o de “realismo proletario”. Me refiero a La Viuda del Conventillo (1930, Buenos Aires), de Alberto Romero; La Sangre y la Esperanza (1943, Santiago de Chile), de Nicomedes Guzmán, a las que bien pudiéramos agregar: El Roto, de Joaquín Edwards Bello, e Hijo de Ladrón, de Manuel Rojas; asimismo, las narraciones breves de José Santos González Vera, Oscar Castro y Gonzalo Drago.

El conventillo fue una institución muy extendida desde finales del siglo XIX hasta promediar el siglo XX. Rentistas propietarios subdividían grandes caserones en pequeños apartamentos, para arrendárselos a individuos o familias de escasos recursos o “venidos a menos”, según eufemismo al uso para no hablar de pobres o miserables. Supimos de este recurso habitacional solapado a través de ciertos relatos familiares, porque un bisabuelo de la rama chilena, a la sazón hacendado, poseía dos o tres conventillos en el centro de Santiago.

La administración de los mismos era sencilla, puesto que no había contratos de por medio ni otras cláusulas escritas. Todo era de palabra. Así, cuando transcurría un mes de atraso en el pago de la renta, don C acudía, provisto de su bastón de punta acerada y de un gañán-ayudante; efectuaban el desalojo sin mayor dilación y el bisabuelo se cobraba el saldo insoluto a punta de bastonazos. Si la cosa se ponía difícil, ya fuese por toparse con una resistencia desusada o por lamentables protestas femeninas vueltas escándalo público, quedaba el recurso de la autoridad expedita: los “pacos” o policías de entonces, quienes actuaban de facto y de modo eficiente y rápido, como corresponde a la cabal defensa de la propiedad.

Te preguntarás, impaciente lector, ¿a qué viene este cuento?, ¿acaso el cronista pretende iniciar un cursillo de naturalismo literario?

Nada de eso, sino confirmar que aquellas prácticas vuelven a estar en boga en nuestro paraíso neoliberal chileno, explotando, sobre todo, las apremiantes necesidades de cobijo de numerosos emigrantes que llegan a buscar fortuna en esta feliz copia del edén. Sí, ellos están siendo víctimas de inescrupulosos “emprendedores”, algunos, propietarios de viejos inmuebles en el casco antiguo de Santiago, otros, arrendatarios sagaces que subarriendan casonas a mal traer, obteniendo una jugosa plusvalía con pocos riesgos y menos obligaciones por cumplir.

Un caserón de doce habitaciones, pongamos por caso, se habilita implementando dos a tres subdivisiones por cada cuarto, en proporción a la superficie disponible. Como promedio de esta casa-tipo a que aludimos, obtenemos un aprovechamiento de treinta cubículos “independientes”: seis, de tres por habitación; y seis, de dos por habitación. Cada uno de estos “apartamentos”, armados con paneles de listones y placas livianas, se renta a razón de $180 mil a $200 mil pesos mensuales, más un adicional de $10 mil o $20 mil pesos por consumo de agua y luz. Una de las condiciones es la de limitar el alojamiento a un máximo de cuatro individuos por ratonera. El caserón posee tres baños y una cocina, todo de uso común para unos cuarenta moradores.

De acuerdo a lo informado por un colega contable existirían, solo en Santiago capital, alrededor de doscientos inmuebles destinados a este lucrativo y humanitario negocio (ambas categorías no se excluyen)… Si usted dispone de una casona apropiada o tiene un dato de primera mano, póngase manos a la obra; no le faltarán inmigrantes.

Ahora, mediante una simple multiplicación, obtenemos un guarismo total cercano a los seis millones de pesos (unos nueve mil dólares) como ingreso mensual fijo. Nada despreciable, si consideramos que la inversión es mínima y el mantenimiento insignificante, unido esto a una completa exención de tributos, pues se trata de platas no declaradas a papá Fisco.

En este renovado sistema de alquiler, se hace firmar a los inquilinos un contrato único (sin copia para el firmante), provisto de cláusulas leoninas y ejecutoria sumaria. (Pende sobre él la amenaza de su extranjería). No creo que la obligación del canon se ejerza por los medios punibles que empleaba mi iracundo bisabuelo, pero sin duda que estos aprovechados arrendadores harán valer con prontitud el derecho de propiedad, bien amparado en la Constitución de 1980.

Si algún lector suspicaz o algún pariente de esos que critican mi proclividad a lo fantasioso, pone en duda la realidad de la denuncia social expuesta en esta crónica, le proporciono un dato concreto y fehaciente: la destartalada mansión a la que me remito está sita en calle Ejército Libertador N° 631.

Hasta el pomposo y heroico nombre de la rúa contribuye a resaltar la paradoja del expectable lucro obtenido mediante la inicua miseria de los otros.

 

Extraído de http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/03/09/chile-opinion-lucrar-con-la-miseria-ajena/

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“En vida, el santiaguino fue reconocido esencialmente como narrador.”                                                                                                                                    

Nicomedes Guzmán quiso hacer con sus versos lo mismo que con su primer nombre. Relegado éste porque, en palabras de su dueño, Óscar ya daba fama de escritor a Castro, el autor anunció pronto, además, el adiós al canto metrado, pues, como solía recalcar, “en un país de grandes poetas (…), mis afanes líricos no iban a prosperar”. Hasta entonces, la crítica solo contaba con el poemario La Ceniza y el Sueño (1938) y, en realidad, no era poco decir, si se considera que la segunda edición (1960) de esa obra sería prologada por Pablo Neruda, quien no ahorró términos para sostener que, “cuando Nicomedes Guzmán descargó sus libros tremendos, la balanza se vino abajo, porque nunca recibió un saco tan verdadero”.

En vida, el santiaguino fue reconocido esencialmente como narrado

r, con volúmenes como Los Hombres Oscuros (1939), La Sangre y la Esperanza (1943) y Donde Nace el Alba (1944), pero hacia el centenario de su natalicio, descerrajando un antiguo baúl familiar, la historia reciente acabaría por extender de nuevo el abanico hacia la porfiada estrofa. En efecto, de esa manera se produjo el hallazgo del desconocido cuaderno Croquis del Corazón, que él mismo había escrito y diseñado bajo aspecto de libro a los veinte años de edad. De ejemplar único, el texto, dedicado y obsequiado por el autor a Lucía Salazar, permite ah

ora estimar con justicia cuánto gravitó la poesía en su pluma, qué influencias abrazó y hasta qué punto esa búsqueda preliminar del vate seguiría latiendo más tarde en su prosa. Del inesperado documento, afincado aún en los tonos dispuestos por Neruda en Crepusculario (1923), destaca la tendencia a construir alejandrinos cuando ya la literatura chilena empezaba a olvidarlos. “El otoño llorando lágrimas de oro en hojas,/ los brazos de la tarde pálidos en el sol/ extendiendo una súplica a las horas fugaces…”. A esa insistencia corresponde Prisma, canto que, dirigido a su amada, arranca a ésta, entre besos, la escena que sublima la línea cuando “cierra el ojo del día su párpado tremendo”. La voz de un entonces inédito Nicomedes Guzmán firma como Darío Octay y, si todavía ahí está explorando un nombre que le dé nombre, su afán por alcanzar el más reputado verso es, igualmente, un tanteo. Se trata, pues, de páginas valiosas también en cuanto acusan vívidamente el oficio de escandir en pleno proceso de aprendizaje. De allí que, por ejemplo, el poema Imagen tropieza en su deseo de esculpir música y hemistiquios perfectos en un pasaje que resulta peculiarmente paradójico: “Yo leo la poesía

simétrica de tu alma”. Cuando Croquis del Corazón no tenía más que una sola lectora, y luego de publicarse La Ceniza y el Sueño, la lírica pareció rendirse ante la narrativa y las respectivas declaraciones del escritor no hacían más que reforzar la idea. Sin embargo, la temprana porfía métrica del literato es la mejor pista para decir lo contrario. “Y hasta buscó, a la llegada de los crepúsculos, en los ojos turnios y legañosos de sus ventanas, el reflejo de sus largas barbas, antes de despedirse del mundo y de los hombres”, reza el comienzo de La Sangre y la Esperanza, como si consistiese en la versión extendida del señero “cierra el ojo del día su párpado tremendo”. Casi una década después del silencioso cuaderno, la resonante novela haría suyo algo más que el tema de aquel verso. Y es que el remate del párrafo encierra en prosa un alejandrino. Tantas veces relegado, Óscar puso al fin en primera plana dos hemistiquios perfectos, y llevó a puerto tal audacia diecinueve años “antes de despedirse/ del mundo y de los hombres”.

David Hevia es autor de “Historia de la Desnudez” (2011), poesía. “La Belleza como Demostración” (2013), ensayo. “Citas para una Historia de la Educación” (2014), ensayo. “Anoche el Día” (2015), poesía, con prólogo póstumo de Heberto Helder. “Doscientos Ensayos sobre Estética” (2016). Ha ejercido como editor de los diarios La Época, El Metropolitano y La Tercera, colaborando, además, en El Siglo y Le Monde Diplomatique. Director de la revista Alerce de la SECH, de la gaceta Léucade y del programa radial Barco de Papel, en Radio Nuevomundo.

 

Extraído de SECH http://www.sech.cl/un-verso-alejandrino-oculto-en-la-sangre-y-la-esperanza-de-nicomedes-guzman/

Agradecemos a quienes nos acompañaron durante los días 15 y 16 de diciembre, conversando y compartiendo sobre Nicomedes Guzmán y la Generación del 38. Acá dejamos algunas fotos:

charla

expo

taller

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La figura de Nicomedes Guzmán (1914-1964) había quedado olvidada, quizás eclipsada por otros miembros de su generación como Francisco Coloane o Volodia Teotelboim, que alcanzaron mayor renombre. Sin embargo, en 2014, la conmemoración de su centenario lo trajo de vuelta con la reedición, de Lom Ediciones, de su primera novela Los hombres oscuros de 1939 y La sangre y la esperanza (1943), quizás su libro más conocido. Pero no era todo.

En 2015 un desconocido volumen salió a la luz: Croquis del corazón, libro de poemas escrito a sus 20 años y firmado con el seudónimo de Darío Octay, reveló una faceta más romántica del narrador que se caracterizó por registrar la pobreza y miseria de la sociedad chilena.

Su rescate, impulsado por la familia a través de la Fundación Nicomedes Guzmán no ha parado. El próximo jueves 15 y viernes de 16 de diciembre se desarrollarán las Jornadas de Discusión Literaria Nicomedes Guzmán y la Generación de 1938, en el restaurado Palacio Alamos (Santo Domingo 2398) de barrio Yugay, donde se abordará la importancia en el campo literario y la vida cultural del país durante el siglo XX y XXI de autores como Oreste Plath, Jacobo Danke y, por supuesto, Nicomedes Guzmán.

Leer nota competa aquí.

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El invierno en La sangre y la esperanza.

Extracto de Ponencia realizada por Luciano Leal Hernáez, Magíster en Literatura Latinoamericana y Chilena (C).

 

El invierno está presente durante toda la novela y no es una información explícita, como que si sucede en torno al barrio Mapocho.[1] El invierno va emergiendo desde la densidad de la obra y sus hechos, y se va tornando relevante en la medida que pasa el tiempo en la narración, se va quedando y reapareciendo para nunca abandonar el conflicto.

el año climático de Santiago de Chile durante la temporada invernal, que es a la que nos referimos, es una mezcla de la segunda mitad del otoño más el invierno, es entre mayo y principios de septiembre donde el frío se torna protagonista, una extraña condición geográfica y eólica no permite la circulación de aire, proliferan las enfermedades respiratorias. La lluvia se concentra en estos meses, la humedad sube promediando un ochenta por ciento durante la temporada.

La novela contiene veintidós capítulos. Al comienzo del segundo comienzan las referencias al contexto del clima. “El otoño estaba a las puertas de aquel día con su rostro de mendigo enjuto y lánguido. Sus harapos tenían el color indefinido de la bruma.” (Guzmán 39). Es el otoño de finales de abril, es el comienzo de la temporada de supervivencia, la tos es un elemento recurrente entre los protagonistas, quienes parecen aprender a convivir con aquella dolencia.

La contextualización temporal se clarifica con un capítulo titulado; “Primero de Mayo”. El tardío otoño con su intensidad y obscuridad ya ha dejado víctimas fatales, pensado en las condiciones de vida el porvenir en mayo no es alentador en la obra. Si bien es un capítulo más cercano a la esperanza, puesto que es dedicado a la celebración del día de los trabajadores y la fuerza de la organización obrera. “La bruma transitaba por las calles con sus leves pies de rocío. Más los corazones parecían desgranarse en cálidas espigas de felicidad” (Guzmán 89). Se puede apreciar la tensión entre las condiciones que presenta el clima y el devenir de los personajes, las consecuencias directas de las enfermedades, como las dos ocasiones en las que el padre de la familia Quilodran se enferma y queda hospitalizado, lo que genera un cambio en la orgánica de lucha que libra el sindicato ferroviario.

Desde ésta mirada la obra literaria invita a reflexionar sobre las condiciones de los personajes que pertenecen a un sector específico de la sociedad; Los pobres que se ven obligados a relacionarse con el tiempo y las estaciones en un modo de profunda conexión, debido a la necesidad de supervivencia, los recuerdos son más latentes con la lluvia, el frio, el barro y la muerte.

El traspaso de otoño a invierno, se presenta como un pequeño respiro a la cruda estadía del frio, dedicándole a aquel instante un son poético que permite en el contexto adverso, valorar la bienvenida del invierno. “Era el invierno ya. Pero hacia una azul y vibrante mañana. Un sol de espeso oro pulía la escarcha blanquísima que la noche había extendido sobre las calles” (Guzmán 136). El invierno se estanca en el tiempo cronológico por el resto de toda la primera parte, la precariedad social asociada a la estación es permanente, y se puede vislumbrar un cansancio en la organización de los ferroviarios. Del desgaste viene la enfermedad, pero también la muerte, como el deceso de la hija del Pan Candeal, que mientras paría moría a la vez.

En el último capítulo de la primera parte de la obra, el invierno está en su plenitud, la tristeza de un invierno crudo para los habitantes del barrio ha dejado una huella imborrable en los personajes principales, secundarios y en todo el entorno. En éste contexto termina la primera parte de La sangre y la esperanza, el lector podría imaginarse que la segunda parte comienza con el final del invierno, la llegada de la primavera y el florecer de los árboles, el verde esperanza. Sin embargo, lo que ocurre es diametralmente opuesto y complejo.

Primero la segunda parte no continua en un tiempo cronológico lineal, el recuerdo del pasado se traslada a un pasado aún más lejano unos diez años. ¿Cuál es el contexto climático del barrio en la segunda parte? El invierno, parece un entrampamiento, “Aquella tarde, llovía a mares. Lluvia gruesa, vital, lluvia como yegua encabritada, coceando, piafando” (Guzmán 185). En este contexto Enrique ya no tiene quince años, si no seis, pero el entorno vuelve a ser el invierno, tal como en la primera parte de la obra, la segunda parte se verá acompañada de una cruda temporada invernal.

En la segunda parte, la presencia de una hermana menor de Enrique, y la ausencia de aquella niña en la primera parte, sugiere inmediatamente la posibilidad de la muerte de la pequeña recién nacida que vive pegada al pecho materno. Si, la muerte de un personaje del entorno familiar principal y la larga enfermedad del padre de familia son un fuerte golpe a las emociones. La segunda parte y central de la obra, está marcada por completo por el invierno que estamos analizando, al terminar “La primavera, entonces, había llegado inútilmente para nosotros” (Guzmán 293).

La tercera parte y final de La sangre y la esperanza, vuelve temporalmente donde la primera parte había terminado, al comienzo de la primavera, no es casualidad entonces que los hechos transcurren rápidamente a través de aquella primavera y el verano próximo, para recibir el otoño y la temporada invernal, donde a estas alturas parece la obra sentirse más cómoda o acostumbrada. “Era otoño una vez más, y era la vida” (Guzmán 283) los sucesos distendidos, entorno al sol, el verano, el calor sofocante y entretenido, pasan raudamente por los primeros capítulos de la tercera parte, pero La sangre y la esperanza no es así, la vida y los recuerdos parecen nacer recién en el otoño tardío.

De esta manera se ve inagotable el invierno en La sangre y la esperanza, como la temporada invernal es cuna de los recuerdos y base de los hechos que marcan el pasado. “Rodaba el otoño. Y rodaban los días, al borde de mi infancia. El clima trágico, rojo, sangriento, el clima con vísceras colgando” (Guzmán 351). Se podría colegir que el clima frio de entrado el otoño y el invierno, no es una casualidad, sino todo lo contrario, es parte del escenario, es parte de los elementos que envuelven y dan vida a la obra.

Si bien se puede profundizar y citar ampliamente lo que atañe al invierno, lo que se pretende, es dar un pincelazo por la novela y compartir la interrogante que surge a raíz del contexto de La sangre y la esperanza y su estrecha relación con el invierno.

Es interesante detenerse en las últimas palabras que declaran cuando fue escrita la obra, las cuales tomando en cuenta el sentido de éste trabajo de investigación, ocupan un lugar importante. Después de la palabra en mayúsculas FIN, se puede ver un mensaje para nosotros no menor. “Santiago (CHILE), invierno 1940 – invierno 1941” (412). Es posible a raíz de este análisis considerar que si algo hace en la historia de la literatura latinoamericana La sangre y la esperanza es dejar un legado de la sociedad chilena de principios del siglo XX, y de su lucha por organizarse políticamente mientras sobrevivía a los inviernos.

[1] En la primera edición de la obra, publicada en 1943 por la editorial Orbe, se puede apreciar el subtítulo, “Barrio Mapocho”.

 

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La Fundación Nicomedes Guzmán, la dirección de Cultura de la Municipalidad de Santiago y la editorial Victorino Lainez le invitan a participar de las Jornadas de discusión literaria en torno a Nicomedes Guzmán y la generación literaria de 1938.

Las jornadas de discusión literaria se realizarán en el recientemente inaugurado Palacio Álamos (Barrio Yungay) los días jueves 15 y viernes 16 de diciembre del 2016 entre las 10 y 20 horas del jueves y 10 y 15 horas del viernes. En estas jornadas tendremos también teatro, poesía y música.

Se invita a participar de las jornadas de discusión literaria en torno a Nicomedes Guzmán y la generación del 38, a través de exposiciones libres (charlas, exposición de trabajos, obras de arte, poesía, lectura, música, etc.) que den cuenta y ponga en discusión la importancia de esta generación literaria dentro del campo literario popular y la vida cultural del país durante el siglo xx y xxi. Para participar solamente se debe enviar al correo electrónico: rgonzalez@nicomedesguzman.cl una breve descripción de la exposición a realizar que contemple nombre, objetivo y recursos necesarios, de estilo libre. La fecha de cierre de la postulación es el viernes 2 de diciembre.

Solo con el objetivo de ordenar los aportes, se proponen las siguientes líneas de trabajo:

1. Nicomedes Guzmán y la generación del 38 desde enfoques diversos de investigación, estudio y pensamiento.
2. Expresiones artísticas libres sobre la literatura, los libros y Nicomedes Guzmán
3. Investigar a Nicomedes Guzmán y la generación del 38 desde nuestra realidad social actual.
4. Nuevas experiencias culturales entorno a Nicomedes Guzmán y la generación del 38.
5. Nicomedes Guzmán y la generación del 38 en la educación pública y el curriculum nacional.
6. Nicomedes Guzmán y la vida en los barrio santiaguinos.
7. La dictadura cívico-militar y la persecución editorial de Nicomedes Guzmán y la generación del 38.
8. Miradas, visibilización y emergencia de nuev@s sujetos en la narrativa de Nicomedes Guzmán y la generación del 38.

pluma

Durante los días 15 y 16 de diciembre próximo, la Fundación Nicomedes Guzmán, en colaboración con la Editorial Victorino Lainez, realizarán las “Jornadas de Discusión Literaria: Nicomedes Guzmán y la Generación del ’38”, que tendrán lugar en el Palacio Álamos, ubicado en calle Santo Domingo 2398, esquina General Bulnes (Metro Cumming).

El evento contará con la participación de académicos, literatos y personas que se encuentran realizando investigaciones y miradas de la realidad actual a través de las obras de de la generación literaria del ’38, un reconocido movimiento artístico literario chileno que intentó retratar en sus obras la realidad social de aquella época.

Entre los exponentes de esta generación se encuentran Francisco Coloane, Carlos Droguett, Nicomedes Guzmán, Volodia Teitelboim y Gonzalo Rojas, por mencionar algunos.

Pronto difundiremos mayor información.

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Escuche el nuevo capítulo de Diálogos Nicomedianos, el programa de la Fundación Nicomedes Guzmán.

En este capítulo, conversamos con Camila Álamos Mubarak respecto a su análisis de la novela “La Sangre y la Esperanza”, desde una perspectiva de género.

 

La novela se caracteriza por su narrativa de evocación, en que el protagonista vuelve al pasado para relatar desde su infancia la cruda vida de los sectores explotados de la sociedad chilena. Enrique Quilodrán, su narrador, observa y describe lo bueno y lo malo, el dolor y la alegría, la organización proletaria y los diversos personajes que habitan el paisaje miserable de los conventillos, abriendo al lector el mundo de los trabajadores de la época y sus luchas,  desde la mirada de un niño que va comprendiendo la brutalidad de la explotación a medida que crece.

A lo largo de la historia que Enrique va relatando, describe personajes femeninos que se encuentran insertos en la realidad del conventillo, mujeres que son distintas entre sí, pero cuyo denominador común es la violencia de la cual son víctimas en la sociedad.

En este caso, se observarán específicamente dos estereotipos femeninos que resaltan de acuerdo a sus matices: por un lado, la mujer prostituta, y por el otro, la mujer madre-dueña de casa.

En el programa “Madres, putas y Nicomedes”, revisamos cómo ambos “tipos” de mujer se ven degradados corporalmente producto de su cosificación, aunque se presente de maneras distintas.

Escuche nuestro programa en http://www.radiobarriorepublica.cl/dialogos-nicomedianos/

 

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El Taller de Teatro de la Junta Vecinal Nº 6 de Quinta Normal, se encuentra preparando una obra basada en la biografía de Lucía Salazar, esposa de Nicomedes Guzmán, quien participó activamente en el mejoramiento de las condiciones de vida de su barrio, así como en la organización social de las mujeres de la población El Polígono de Quinta Normal.

El objetivo del taller consiste en fortalecer la imagen de la mujer como agente activo de nuestra historia, potenciando de este modo la identidad popular y el patrimonio barrial.

Se trata de un taller abierto y gratuito, que se realiza todos los viernes entre 18.30 y 20.30 hrs., en la sede de la Junta de Vecinos ubicada en la esquina de las calles Gaspar de Orense y Catedral, en la comuna de Quinta Normal.

El taller finalizará el 3 de Diciembre con una función en la Casona Dubois, Centro Cultural de la Comuna.

Quienes quieran incorporarse, hacer cualquier consulta o aporte de información, pueden contactarse al f: 9-63608391 y a la casilla-e: natactriz_28@hotmail.com

 

El Grupo Perspectiva Patrimonial organiza para el sábado 16 de julio, un recorrido por la historia, las letras y la arquitectura relevando a grandes personajes de la Literatura Nacional del siglo XX en el Barrio Yungay.

Sus ejes temáticos incorporaran la visión de género a través de las escritoras y poetisas Inés Echeverria, Teresa Wilms Montt, Violeta Parra y Gabriela Mistral, lo popular y social con los escritores y poetas Manuel Rojas Nicomedes Guzmán, Nicanor Parra y Mauricio Redoles y la genialidad creadora de Vicente Huidobro y Augusto D’Halmar.

La ruta incorpora 8 hitos como murales, cites, casonas, conventos y museos que enlazan a los escritores y escritoras con la vida del barrio Yungay, y que es posible reconocer hasta nuestros días.

La inscripcion es al correo perspectivapatrimonial@gmail.com, los cupos son limitados y al final de la ruta se recibira el aporte voluntario de los asistentes. Más información https://www.facebook.com/events/1746687548878743/